Las acciones que realices para acostar al bebé determinarán precisamente si dormirá toda la noche o solo a ratos, aunque no nos demos cuenta. Acostar a un bebé es todo un arte que cuesta dominar, pero con algunas tácticas puede convertirse en tarea sencilla.

Lo más recomendable para empezar es instaurar un ritual para que el bebé se relaje y se prepare para el sueño, como reducir la iluminación, evitar los ruidos, hablarle suavemente, y sobre todo, tener la cuna preparada con sus sábanas y mantas bien ajustadas. Luego de cambiarle a la ropa de dormir es bueno acostarle en la cuna y mecerle y relajarle allí, para evitar que se duerma en brazos. Entre los errores más comunes de los padres para dormir al bebé, están dormirle en movimiento y dormirle acurrucado en brazos, pues una vez el niño se habitúa a esto no conciliará el sueño en otras circunstancias. Por igual, es importante que esta rutina se establezca a una hora establecida, para que así el bebé pueda ir estableciendo horarios de sueño.

Procura el mayor descanso para tu bebé.

Procura el mayor descanso para tu bebé.

A la hora de colocar al bebé en la cuna, hay que procurar hacerlo con suavidad para evitar la sensación de vértigo. La posición más recomendada por los médicos es boca arriba, y en caso de que el bebé tienda a regurgitar, de lado. Es conveniente que los pies del bebé estén cerca de la base de la cuna. La cuna debe estar lo más despejada posible, demasiados estímulos como muñecos, proyectores o carillones pueden quitarle el sueño al bebé. Excitar al bebé antes de que se vaya a la cama hace que le cueste mucho más dormirse, y eso de que cuando el niño se duerma más fácilmente cuando esté cansado es falso. Mientras más cansado esté el bebé, es más complicado acostarle puesto que se vuelven más irritables.

Una vez el bebé esté casi dormido en la cuna, es hora de unos últimos mimos y salir suavemente de la habitación. Es aconsejable salir antes de que el bebé se duerma para evitar que se acostumbre a dormir únicamente cuando alguno de sus padres esté presente. De vez en cuando es bueno pasar y comprobar que el bebé no tenga ni frío ni calor, que no se haya destapado o movido de la cuna, y que se encuentre respirando con normalidad y a gusto.